domingo 26 de abril de 2009

Ella

Últimamente mi vida parece una montaña rusa. Anímicamente hablando, claro. Porque, respecto a lo demás, me he hecho con una dulce rutina, por así llamarlo, que me tiene ocupada todos los días... Excepto hoy, que ando de resaca nupcial, y he decidido quedarme todo el día en casa sin hacer nada. ¡Que se lo merece una, hombre!

A lo que iba. Montaña rusa anímica. Sí. Que unos días estoy super contenta y, otros, me vengo abajo con muchísima facilidad.

La última de esas bajadas me ocurrió el otro día, cuando ojeando el periódico, vi un anuncio de un programa de televisión de economía con la enorme, llamativa e impresionante foto de una compañera de la facultad. Guapísima. Estupensa. Genial como ella sola. Ahí estaba ella, con su propio programa de televisión y ahí estaba yo. En pijama, el moño más cutre que podía haberme hecho, las manos llenas de pintura y sin acordarme de lo que es escribir una noticia. Y ahí estaba ella.

Para destacar en el periodismo, hay que ser realmente bueno y la verdad es que esta chica destacó desde el principio, no sólo por lo bien que escribía, sino por su forma de ver las cosas, de analizarlas, de extraer conclusiones. Ahí estaba ella, abriéndose paso entre los grandes, como muchos otros. Y ahí estaba yo, pensando en pelearme con recién licenciados para hacer prácticas en radio o tele este verano... Porque eso de encontrar trabajo, ni me lo planteo.

Y para compensar la imagen greñosa que tenía ese día y toda la lata que dí con el vestido que me puse para la boda de mi prima, no iba a ser menos, y os dejo una foto del de la boda de mi primo! Faltaría más!


Besos para todos.

lunes 20 de abril de 2009

41 minutos sin luz

El viernes, pocos minutos después de publicar la entrada sobre mi pequeño Mac, se fue la luz. Ya era de noche y me tocaba quedarme en casa de canguro. Mi novio andaba por ahí. Mis amigas, a lo suyo. Una, liada con esa especialidad de Magisterio que ha decidido estudiar a la vejez. La otra, liada con sus oposiciones a Secretaria Judicial. Y la última, de parranda por ahí, seguramente bebiendo cervecitas en el Salvador con sus compañeros del máster. Vamos, digo yo.

La cosa es que me planté sola en casa, con mis padres de cena de aniversario, sin nadie a quien acudir y, encima, sin luz. Lo que equivale a: No tele, no radio, no ordenador, no Internet, no vitrocerámica, no horno, no, no no. Ni que fuera la Whinehouse.

Lo único que podía hacer era encender velas y, por qué no, leer. Si los antiguos eran capaces de leer a la luz de una vela ¿por qué no iba a ser yo capaz de leer a luz de 24 velas del chino de la esquina? Así las cosas, me puse manos a la obra. Tan idílica me quedo la mesa del salón, que trinqué la cámara de fotos para inmortalizar el momento. Mara descubrió el fuego.

Pero oh, descubrió algo más. Descubrió que hacer fotos a la luz de la velas y sin flash está muy guay. Así, ni corta ni perezosa leí y me fotografié.


Leí otra línea y me fotografié más.


Y otra.


Y otra.


Luego me acordé de que nunca me había visto bizca. Me hice otra foto, observé la imagen, me reí y la borré.

En seguida me di cuenta de que, a pesar de tener linterna en mano, no era capaz de concentrarme y leer y decidí interrumpir a mi novio. Lo llamé pero me rechazó la llamada por lo que me puse a escribirle un mensaje. Cuando ya había conseguido escribir Novia en la oscuridad reclama novio que la ilumine... me llamó. Le conté lo que sucedia y, entonces, ¡zas! La tele se encendió, dejé marchar a mi novio y me puse a ver un capítulo de Sexo en NY que ponían en Cosmo, mientras pensaba cuánto cuánto pueden dar de sí 41 minutos sin luz: un montón de fotos y un post. :D

Besos para todos.

viernes 17 de abril de 2009

Mudanza

Llevo varios días ausente porque, además de la Semana Santa y de que ha venido mi chico a Sevilla, he estado de mudanza. Pero, no. No se crean que me ha salido un trabajo tan maravilloso que me ha permitido pagarme la entrada de un piso en un mes. Ni mucho menos.

Y es que me he comprado un nuevo ordenador... No. Tampoco se crean que me ha tocado una cantidad digna en la quiniela y me he hecho con un ordenador decente. Ojalá.

Lo que he hecho ha sido comprarme un PC de segunda mano. Pero qué digo. ¿Qué PC? ¡No! ¡Un Mac! Pero no un Mac cualquiera. MI mini mac. Mi Mac del periódico. Ése con el que he trabajado trabajé durante casi cinco año y con el que he pasado más horas en ese tiempo que con mi madre, mis amigas o mi novio, todos juntos.

La cosa es que, a pesar de tanta confianza y tanta intimidad entre ambos, las cosas no están saliendo del todo bien. Y es que, ya se sabe, uno no conoce a su pareja hasta que se va a vivir con ella. Así, es ahora cuando de verdad estoy conociendo a mi mini Mac.

Me va más lento que en la oficina y he descubierto que la gran memoria y velocidad que tenía se debían al peazo de servidor al que estaba conectado en mi lugar de trabajo. Como un ligue de discoteca, se ha quitado el maquillaje al levantarse de la cama y he descubierto que no es el pibón que bailaba bajo luces verdes.

Es un ordenadorcito muy blanco, muy bonito y muy presumido con 40 míseros gb de capacidad, un msn que se me cierra cada vez que le da la gana, un entourage (programa de correo electrónico) que no es capaz de descargarse mi correo de hotmail y que se queda pillao cuando abro más programas de la cuenta.

Pero... ¿saben qué? Le quiero a pesar de sus defectos y me lo quedaré aún cuando me tenga que comprar tres discos duros externos o que formatearlo cien veces. (Además, siempre envidié a Carrie Bradshow cuando la veía escribir sus columnas en aquel MacBook Pro).

Besos para todos.

martes 7 de abril de 2009

¿Para siempre?

Maldito sea. Llevo casi cuatro meses dejándolo. Huyéndo de él. Pero cuándo menos me lo espero me lo encuentro. Qué diablos. Miento. Lo espero y lo busco.

Tengo la sensación de que no puedo vivir sin él. Es salir y tomar algo y sentir de repente esas malditas ganas de su compañía.
Al principio, dejé nuestra relación de forma radical. Cuánto más lejos estuviera de mí, mejor. Sin embargo, en seguida empecé a encontrarme con él y, en varias ocasiones, caí en sus brazos. O, más bien, garras. Y digo garras porque no sabeis con cuanta fuerza me levanta.

Un día me di cuenta de que lo echaba de menos.
Cuánto más pensaba en no volver a verle, más ganas tenía, así que decidí, muy malamente, tener algún que otro encuentro furtivo para eso de hacer más dulce, y lejana, esta despedida que se hacía eterna. Craso error.

Ahora los encuentros son cada vez más habituales y siento que me hacen daño. Me siento sin fuerzas para abandonarle. Y ya, ya no sé, que voy a tener que hacer para dejar el tabaco para siempre.
Besos para todos.

miércoles 1 de abril de 2009

Viento en popa

Ayer salí a echar un paquete a correos, casi a medio día. Hacía una brisa suave, tranquila, de esas que se saborean. Iba andando junto a la muralla de la Macarena. Un poco al sol y un poco a la sombra de las palmeras. Disfrutando de ese aire. Disfrutando de lo que veía. Disfrutando del olor a azahar que me llegaba de León XIII y del calor del sol que caía sobre mi piel. Y es que, señores, Sevilla no puede estar más bonita que en primavera...

PD: sigo en paro, disfrutando de estas vacaciones obligadas, haciendo cositas para mi futuro, y, oigan, entregada a este mini negocio de zapatillas :) ¿No son bonitas?


Besos para todos.